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Mi gato Pocholo

Marina Beltrán. Cartagena, España

Esta es la historia de mi gato Pocholo, que lleva viviendo con nosotros desde el año 2001. Un día me encontré un minúsculo gatito siamés muy simpático. El resto de gatos del lugar no le hacían caso (había sido separado de su madre y ninguna gata lo quiso adoptar). El gato buscaba cariño y vino hacia mí. Estaba lleno de pulgas, pero era tan lindo que lo acaricié un rato.

PocholoLuego tuve que irme. A la semana siguiente volví a ver a Pocholo. No se podía mover, tenía la pata rota por el ataque de un perro y los ojitos cerrados llenos de pus. Me eché a llorar y en ese momento lo adopté.

En aquella época vivía con mis padres. Mi madre siempre decía: "Un gato en mi casa... ¡Nunca!", así que la condición que me impuso para aceptar a mi gatito era regalarlo cuando estuviera curado. El gato estaba tan feliz en la casa que empezó a frotarse con nosotros, aun cuando no podía andar por el dolor de la pierna.

Lo llevamos al veterinario, que dijo que la herida en la pata estaba a nivel de la cadera y que soldaría sola. Le recetó un calmante y unas gotas para los ojos. A los tres días el gato estaba ya corriendo detrás de un carrete de hilo. ¡Cuánta vitalidad!

Con el tiempo convencí a mi madre para que no lo regaláramos, y como ella también le había cogido cariño, Pocholo se quedó para siempre con nosotros.

Mi gato Pocholo es un angelito. Duerme siempre conmigo (no quiere dormir con nadie más); parece que soy su persona preferida. Todo el día va detrás mío. Si no duermo la siesta me recuerda que es la hora maullando hasta que nos ponemos los dos a dormir. Me lame la cara y se apoya en mi almohada, abrazándome.

Pocholo ha estado a mi lado durante mis estudios universitarios, cuando hago mi tesis, cuando veo la tele..., siempre conmigo. Los días en que trabajo por la tarde mi madre me cuenta que ha estado toda la tarde buscándome y maullando por toda la casa.

Cuando estoy enferma se pone a los pies de la cama, no me molesta y no me toca. Cuando estoy un poco mejor, sube a la almohada, me lame la cara y se recuesta a dormir abrazándome... ¡Cuánto amor!

En una ocasión lo separé porque se estaba peleando con otro gato, y entonces, en caliente, me dio un mordisco en la mano. Nunca le reñí porque comprendo que en esa situación estaba fuera de sí. El gato me siguió por toda la casa hasta el aseo, donde me curé la mano (sangraba mucho). Después, el resto del día, Pocholo estaba como arrepentido, se arrinconó en una esquina del salón y no quiso comer nada...

Ahora que ya no vivo con mis padres, tengo mi casa y vivo con mi marido, Pocholo también vive con nosotros. Con Heinrich se frota mucho. Si no estoy se pone encima de él a ver la tele, pero si me ve acude a mí corriendo y diciendo "miau", para sentarse enseguida encima mío.

Le gusta jugar mucho, aunque tiene nueve años, y es superinteligente. Desde el espejo del pasillo localiza la habitación en la que estamos y viene corriendo para cazarnos. Tiene su lenguaje especial que ya conocemos:

–"Prrneheheh" significa que quiere caricias ("Kuscheln", dice Heinrich).
-"Miau miau" muy frecuente dice que quiere seguir jugando, que lo hemos dejado a mitad.
–"Miau" más espaciado: es que tiene la tierra sucia y toca cambiarla.

En fin, podría hablar de mi angelito mucho más. Un saludo a todos los que aman a los gatos.

02-06-2010