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El control de la reproducción

En la idílica relación entre los humanos y los gatos, siempre llega un momento en que debemos afrontar una dura realidad: además de un compañero perfecto, el gato es también un ser sexual. Isabel Gil (Isa) y Marta González han elaborado un completo y documentado artículo sobre los métodos para el control de la reproducción en los gatos. Lee aquí la introducción y descarga el artículo entero pulsando en el enlace situado al pie.


La convivencia entre humanos y gatos reporta innumerables beneficios para ambos. Los gatos nos proporcionan el calor de un ser cercano, nos alegran con sus juegos, nos permiten la contemplación de su belleza y nos regalan el don de su compañía. A cambio, les damos un hogar, alimento y seguridad. En esta idílica relación, sin embargo, llega siempre un momento en el que tenemos que enfrentarnos a una dura realidad: además de un compañero perfecto, el gato es también un ser sexual. Entre los seis meses y el año, las hormonas despiertan en gatos de ambos sexos el instinto del apareamiento y la procreación, y nuestros deberes para con ellos requieren que tomemos decisiones responsables al respecto: ¿permitimos que nuestros gatos se reproduzcan o tratamos de evitarlo? Si decidimos que la naturaleza siga su curso, ¿qué haremos con los nuevos gatitos? Si decidimos impedir la reproducción, ¿cómo lo haremos? Se trata de dilemas que no podemos obviar porque la fuerza de sus manifestaciones externas se empeña en evitar que se nos olviden.

El principal problema del imperativo de la reproducción son las camadas indeseadas, que producen una cantidad ingente de gatitos a los que espera un futuro incierto y, en muchos casos, una muerte segura. Esto sucede con los gatos callejeros, con los gatos a quienes sus dueños permiten vagar libremente, o con los gatos domésticos en casas en las que conviven varios de ambos sexos. En el caso de gatos domésticos del mismo sexo o “gatos únicos” sin acceso al exterior, que no tienen la posibilidad de aparearse, el problema de las camadas no se presenta, aunque esto no significa que se esfumen las preocupaciones relacionadas con la conducta sexual.

En efecto, el inicio del periodo de receptividad sexual implica en gatas y gatos cambios conductuales significativos y que pueden llegar a ser muy molestos tanto para el animal como para los humanos con los que convive. Las hembras en celo pueden comportarse de forma extremadamente ruidosa, emitiendo sonidos vocálicos desgarradores y restregando su cuerpo contra cualquier objeto. También los machos presentan conductas problemáticas, marcando su territorio con una orina de olor especialmente penetrante, muy diferente a la orina normal, que esparcen en forma difuminada sobre las paredes, muebles, cortinas y demás enseres de la casa. Para ello mantienen una postura erecta y con el rabo levantado. Además de estas marcaciones, tienen una acusada tendencia a escapar de casa, con el peligro adicional que esto comporta. Hembras y machos, además, pueden llegar a dejar de comer, perder el interés en el juego y otras actividades, y vivir en permanente desasosiego.

Todos estos comportamientos se deben únicamente a la liberación de hormonas en los órganos sexuales durante la época de celo, por lo que un control eficaz de estas hormonas eliminaría tanto la posibilidad de fecundación como las conductas indeseadas. En este sentido, la castración es la solución que proponen casi todos los veterinarios en los casos en los que no se desea que el gato críe; y es una solución que incluso reporta ventajas adicionales. Además de terminar con los problemas de convivencia con los humanos, como la agresividad, los malos olores y los tormentos ligados al sexo, la esterilización quirúrgica cumple otras funciones beneficiosas: supone una mejora de las condiciones de vida de nuestros gatos, ya que aumenta ligeramente su longevidad, previene la aparición de algunas enfermedades y también los accidentes callejeros porque, al volverse más caseros, los gatos están menos expuestos a las peleas y las enfermedades contagiosas. Tal vez el único problema que surge es el de la propensión a la obesidad, aunque se puede controlar vigilando más su alimentación. En cuanto a los gatos que viven en libertad, el control de las colonias mediante su esterilización es también una buena forma de evitar los problemas y las consecuencias de su crecimiento desorbitado.

Sin embargo, tomar la decisión de castrar no es tarea sencilla, al fin y al cabo, se trata de una mutilación que imponemos sobre el animal, una modificación de su naturaleza para adaptarla a los modos de vida humanos. Es perfectamente comprensible, por otra parte, que queramos proporcionarles a nuestros gatos la posibilidad de vivir todo el amplio rango de experiencias disponibles en el mundo gatuno en condiciones naturales, incluyendo las del sexo y la crianza. Pero, ante el triste hecho de la acumulación de gatos en protectoras y albergues, así como la muerte segura de gatos sin hogar y camadas de recién nacidos, deberíamos plantearnos si la adopción de uno de estos gatos no sería una decisión más justa que la de traer nuevos gatitos al mundo. Muchos dueños piensan, además, que sus gatos tendrán problemas psicológicos si se les elimina la conducta sexual. No obstante, es importante que no caigamos en el antropomorfismo, que no proyectemos sobre los animales conceptos que son humanos (e, incluso en el mundo humano, también discutibles), como la frustración por la virilidad perdida o la maternidad insatisfecha. La castración no va a producir ningún trauma psicológico a nuestros gatos, sino que más bien les procurará una vida más tranquila y relajada sin las perturbaciones e inquietudes propias del celo.

Si decidimos que nuestros gatos no críen, los beneficios para la salud de la esterilización quirúrgica son un importante factor a tener en cuenta a la hora de optar por algún método de anticoncepción y control de los celos. Sin embargo, no debemos olvidar que el argumento principal a favor de la castración es la necesidad de mantener la población de gatos dentro de unos límites razonables, y que anteponer el argumento de las ventajas médicas podría dejar abierta la posibilidad de la defensa de otras “modificaciones quirúrgicas” en animales de compañía bajo el fundamento de algún supuesto y oscuro beneficio para su salud.

En definitiva, la decisión última nos corresponde a cada uno de nosotros, como responsables de los animales con los que vivimos. Pero se trata de una decisión que requiere una consideración seria e informada de las ventajas e inconvenientes de cada opción, teniendo en cuenta las circunstancias de cada caso particular y valorando tanto el bienestar de nuestros gatos como la importancia de una convivencia armónica.

(Pulsa aquí para descargar el artículo entero en formato PDF.)

Contribución de Isabel Gil y Marta González

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