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"Gatos y perros", de H.P. Lovecraft
H.P. Lovecraft fue, en palabras de Borges, un “parodista de Poe”. Ambos escritores tuvieron también en común (y compartieron a su vez con Borges) el amor por los gatos. Además de sus historias de fantasía y terror, Lovecraft escribió algunos ensayos. En este, toma partido en la eterna disputa acerca de si son mejores los perros o los gatos, y lo hace de forma vehemente, asociando unos y otros a épocas históricas y prototipos humanos, reflejando, por ejemplo, el disgusto que le producía el bárbaro siglo XIX, o su convicción de la superioridad de la “raza aria”. Que ningún amante de los perros se sienta ofendido, sin duda alguna, los apologistas caninos no dejaron sin responder, con argumentos igualmente contundentes, la fuerza retórica de las duras palabras de Lovecraft.
Entre perros y gatos, mi grado de preferencia es tan alto que nunca se me ocurriría compararlos. No es que me disgusten positivamente los perros, no más de lo que me disgustan los monos, los seres humanos, los vendedores, las vacas, las ovejas o los pterodáctilos; pero por el gato he sentido siempre un respeto y un afecto especial, desde los días más tempranos de mi infancia. En su gracia sin tacha y en su superior autosuficiencia he visto un símbolo de la belleza perfecta y la suave personificación del universo mismo objetivamente considerado, y en su aire de silencioso misterio reside para mí todo el secreto y la fascinación de lo desconocido. El perro apela a emociones baratas y fáciles; el gato lo hace a las fuentes más profundas de la imaginación y la percepción cósmica en la mente humana. No es accidental que los contemplativos egipcios, junto a espíritus poéticos posteriores como los de Poe, Gautier, Baudelaire y Swinburne, fueran todos adoradores sinceros del flexible micifuz. Naturalmente, las preferencias de cada uno en materia de perros y gatos dependen totalmente del temperamento y el punto de vista. Me da la impresión de que el perro es el favorito de la gente superficial, sentimental y emocional: gente que siente más que piensa, que otorga importancia a la humanidad y a las emociones populares y convencionales de lo simple, y que encuentra el más grande consuelo en los lazos de adulación y dependencia de la sociedad gregaria. Tal gente vive en un mundo limitado de imaginación; aceptando acríticamente los valores del folklore popular, y prefiere siempre que les den la razón en sus creencias, sentimientos y prejuicios, más que disfrutar del placer puramente estético y filosófico que surge de la discriminación, la contemplación y el reconocimiento de la belleza austera y absoluta. Esto no significa que los elementos más baratos no se encuentren también en el amor hacia los gatos del amante medio de los gatos, sino simplemente que en el ailurófilo existe la base del esteticismo puro que el cinófilo no posee. El auténtico amante de los gatos exige un ajuste más claro con el universo que el que proporcionan las comunes obviedades domésticas, un ajuste que rechaza tragar la noción sentimental de que todas las personas buenas aman a los perros, los niños y los caballos, mientras que los malos los aborrecen y son aborrecidos por ellos. No está dispuesto a establecerse a sí mismo y sus sentimientos desnudos como medida de los valores universales, o a permitir que nociones éticas superficiales deformen su juicio. En una palabra, prefiere admirar y respetar que adorar e idolatrar; y no cae en la falacia de que la sociabilidad y la amabilidad sin fundamento, o la devoción y la obediencia esclavizadoras, constituyan algo intrínsicamente admirable o elevado [...].
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Kenia Patricia ha hecho este comentario en fecha 09/02/2010 07:06
Hermoso, yo amo a las gatos, la gente que prefiere perros se me hace muy convencional y aburrida a excepciòn de unos cuantos
Ralph ha hecho este comentario en fecha 28/02/2010 01:43
Los gatos son bonitos, pero son demasiado parecidos a los seres humanos. ¿Para qué quiero ser traicionado por un gato, si ya ando rodeado de traidores potenciales todos los días? Si amo a los perros es por eso mismo; ellos no son humanos, son diferentes.
Jordi ha hecho este comentario en fecha 28/02/2010 17:08
Es evidente que Ralph no tiene ni remota idea del cariño, de la lealtad, de la amistad que puede ofrecer un gato. Como escribió alguien (está en el artículo "Citas sobre gatos"): un gato puede ser tu amigo pero nunca será tu esclavo. Pero hay personas a las que, por lo visto, les molesta que no las reverencien ni las adoren: eso nunca lo haría un gato. Y es cuando dicen, despechadas, que los gatos son "traicioneros".
Un gato nunca es traicionero, porque solo traiciona quien viola sus promesas. Y un gato nunca hace promesas. Puedes tomar lo que te ofrece o puedes rechazarlo, eso es todo, pero no te lamentes de que no te ofrezca todo lo que tú quieras. Esto sería egoismo, egoismo simplemente humano.
Por demás, siempre me han parecido sospechosos aquellos que andan lloriqueando sobre la capacidad de traición de los (otros) seres humanos, como si ellos fueran el colmo de la integridad moral, y dándonos a entender que ya han sido víctimas de todas las traiciones imaginables.

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