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El animal totémico de Paco Umbral

El periodista y escritor Francisco Umbral (Madrid, 1935-2007), premio Cervantes del año 2000, publicó en su Diario con guantes, en la edición del 3 de mayo de 1998 del diario El Mundo, las siguientes reflexiones dedicadas a los gatos, como parte de un artículo más extenso titulado De lolas, viudas, gatos y Cervantes.


Las viudas de Octavio Paz, más la hija, se disputan la fortuna del muerto, que era como si hubiese enterrado el premio Nobel en el jardín y lo hubiera regado todos los días, venga de echar hojas como dólares.

Los deudos de los grandes hombres suelen dar este espectáculo deshumano por el dinero o por la gloria residual del muerto. Pablo Neruda tuvo más suerte con Matilde Urrutia, como Borges con María Kodama. Más que de escribir bien, hay que ocuparse de elegir los herederos, que pueden convertir en un sainete la más alta dramaturgia de una vida y una obra. Aconsejo a los grandes que se lo dejen todo al Estado, que siempre es heredero más digno y severo. La gloria no es transferible y algunos hijos o nietos la llevan muy mal.

Si uno tuviera algo que dejar, que no es el caso, lo dejaría todo para una fundación o asilo de gatos. El gato ha sido el animal totémico de mi vida. El de Borges era el tigre, que viene a ser lo mismo, pero en argentino, o sea más pretencioso. Me angustia pensar en esas manadas de gatos hambrientos, a punto de volver al salvajismo, que se deslizan fantasmales y fosfóricos por las afueras de las grandes ciudades. Paul Johnson escribió muy bellamente de ellos, "siempre atareados en sus sigilosos asuntos". Tengo a mi siamesa sobre la camilla cuando escribo, como Baroja o Galdós, aunque Galdós era hombre de perro y, en cuanto a Baroja, el gato, el gatazo era él mismo.

Moriría yo feliz dejando dinero para que un centenar de gatos callejeros comieran todos los días. ¿Y las personas?, me dirá el ocioso lector. Tennessee Williams, en el relato maravilloso que dio origen a La noche de la iguana, dice que los animales (una pobre iguana, un lagarto) sufren incluso anímicamente, como las personas. Por otra parte, las iguanas son más formales que las viudas y no montan el cirio como ahora se lo han montado a Octavio Paz.

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